Raúl Pérez Ríos
Déjame ver,
desde donde estoy parado,
tu amanecer y tu ocaso;
conocer tus flores y su aroma,
y las espinas de tus tallos;
compartir la miel
y la cicuta de tus días;
aceptar la suerte que me depara
cualquiera de las dos caras de tu moneda
después de haber sido lanzada a mi vida.
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