Aunque usted la conozca,
la
historia se repite:
cuando
unos protestan,
el
gobierno los reprime.
Como
respuesta
a
su pliego de demandas
obtienen
muertos, heridos,
encarcelados,
desaparecidos.
Sólo
cambia la fecha y el lugar,
los
represores y los reprimidos,
pero
el guión es el mismo:
imponer
por la fuerza
la
voluntad del poderoso
sobre
la de los desposeídos;
que
la mayoría empobrecida se someta
al
interés superior de los más ricos.
Contra
las pancartas:
escudos
y macanas;
contra
las consignas:
toletes
y balas.
Las
protestas pacíficas se enfrentan
a
la fuerza pública que disuelve,
con
gases, su marcha.
Una
y otra vez
las
demandas de los de abajo
se
topan con la sorda, muda
y
ciega pared represora del gobierno;
y
los que nos representan
inclinan
su balanza
para
favorecer a quienes financian sus campañas,
con
las que ganan las elecciones
en
las que votan los incautos
e
ignorantes ciudadanos
que
creen todavía en la democracia.
La
protesta se reprime
y
esa historia se repite
y
se repetirá todavía
mientras
la desigualdad
y
la injusticia existan
¿Cuánto
odio?
¿Cuánta
rabia?
¿Cuándo
y cómo se liberará de esto la vida humana?
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