MI VIDA EN TABASCO
Raúl Pérez Rios
Me siento invadido por las hormigas,
atacado por los moscos,
abochornado por el calor,
amenazado por las lluvias,
burlado por las iguanas,
temido por los toloques,
amado por mi familia,
querido por mis perritas,
y con unas ganas insaciables
de rascarme cada roncha que tengo
y de sentir todo el tiempo
el aire del ventilador en mi cuerpo.
Disfruto mucho los días nublados
y también bañarme con agua fría,
y comer paletas de hielo o helados,
aunque se deshagan antes de poder acabármelos.
También disfruto el viento,
y la cerveza fría que bebo,
así como el pozol
y el agua de horchata con coco,
además de los trozos de fruta que como,
y este paisaje que veo,
lleno de vegetación y de animales
casi en cualquier parte,
y comer en el jardín
bajo la sombra de los árboles.
Me complace mucho ver a mi hija
corriendo de un lado al otro del patio,
jugando con sus cachorras,
mientras esta sudando,
y saber que mi esposa
está a gusto en su trabajo.
Así es mi vida en Tabasco.
De vez en cuando añoro la ciudad,
y extraño a los amigos,
así como el trabajo que tenía
y las reuniones a las que asistía a cada rato.
Pero me gusta donde estamos.
Nuestra casa es chica
pero tenemos un enorme patio
y de vez en cuando puedes ver
una ardilla saltando
de un árbol a otro
en busca de comida.
Normalmente llueve de noche
y hay muchas aves,
además de sapos gigantes,
tortugas, lagartijas,
tarántulas y víboras.
Para un biólogo como yo
es una gran tentación
encontrarme tan cerca
de tantas plantas y animales.
No quiero decir con ello
que es un paraíso,
pero es un buen lugar
aquí donde vivimos.
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